A mediados del siglo XX, vivió en Texas, Estados Unidos,
un jugador conocido como Kenny Smith. Él siempre usaba un
sombrero de seda, que obtuvo en el teatro donde Abraham Lincoln
fue asesinado. El sombrero, todavía tenía certificación
de su procedencia, lo que le daba cierto valor. Kenny, lo usaba
cada vez que jugaba al Poker, y cada vez que ganaba un pozo, se
ponía de pie, levantaba su sombrero y gritaba: “Pero
qué jugador!!”. Por eso fue que todo el mundo lo conocía
como “¡Qué jugador! Smith”.
Una vez, “¡Qué jugador! se enfrentó en
una partida contra Bob Hooks, uno de los mejores jugadores de Poker
de los viejos tiempos. En una mano, Kenny aumentó la apuesta
y Hooks respondió moviendo todas sus fichas teniendo 2 Reyes.
Era el turno de actuar de Smith, pero él se quedó
quieto mirando a su oponente. Pasaron unos cuantos minutos, pero
nada cambió. Parecía como si Smith se fuera a quedar
así por el resto de su vida.
Entonces Hooks, se acercó a Kenny y de manera silenciosa
y con sumo cuidado tomó sus cartas. Tenía 2 Ases.
Todavía en silencio, Hooks movió todas las fichas
de su oponente al pozo y así perdió todo su dinero.
Smith ni siquiera movió un dedo para ganar esa mano.
¡¡QUÉ JUGADOR!!
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